Este viernes 3 de julio, un fuerte movimiento telúrico volvió a encender las alarmas en el continente asiático. Un terremoto de magnitud 6,4 sacudió la prefectura japonesa de Okinawa, ubicada en el extremo sur del archipiélago.
Tras el evento, la Agencia Meteorológica de Japón (JMA, por sus siglas en inglés) informó sobre el fenómeno y advirtió de la presencia de ligeras fluctuaciones en el nivel del mar en las zonas costeras cercanas, si bien descartó de manera oficial la emisión de una alerta por tsunami destructivo.
Mientras tanto, de acuerdo con el reporte técnico de los sismólogos, el fenómeno natural tuvo lugar exactamente a las 13:05 hora local (4:05 GMT). Los instrumentos de medición indicaron que la profundidad del hipocentro fue muy superficial, una característica que suele elevar la percepción del movimiento en la superficie. El epicentro del sismo se ubicó geográficamente frente a la costa noroeste de la isla de Miyako, según precisaron los mapas de monitoreo de la JMA.
Terremoto 6.4 Japón
Asimismo, la institución meteorológica e hidrográfica nipona recalcó que no existe peligro para las poblaciones costeras en materia de olas gigantes. El temblor se dejó notar con su mayor nivel de intensidad en la isla de Kumejima, localidad donde el algoritmo de medición registró un nivel tres de siete posibles de acuerdo con la escala cerrada japonesa. Esta herramienta, a diferencia de la escala Richter, se centra específicamente en medir el grado de agitación real sobre la corteza terrestre y evalúa el potencial destructivo de las ondas en las zonas urbanas.
Hasta el cierre de este reporte, los cuerpos civiles de rescate y las autoridades políticas de la prefectura no han reportado pérdidas humanas, personas heridas ni daños de consideración en la infraestructura vial o residencial de las islas involucradas.
Resiliencia estructural en el Cinturón de Fuego
Este tipo de contingencias no es ajeno para la nación asiática. Japón se asienta geográficamente sobre el denominado Anillo de Fuego del Pacífico, considerada una de las regiones sísmicas y volcánicas más activas y peligrosas de todo el planeta Tierra.
Sien embargo, debido a que el país sufre sismos con una frecuencia relativamente alta, sus normativas de ingeniería y de construcción civil exigen que todas las edificaciones e infraestructuras públicas estén especialmente diseñadas con tecnología de punta para oscilar y aguantar los temblores más severos, minimizando así los riesgos de colapso material.
Puedes seguir leyendo:
Bolivia dona más de 255 mil dosis de vacuna pentavalente a Venezuela y Haití














