Este viernes, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) ha emitido un informe oficial donde advierte que el fenómeno meteorológico de El Niño tiene una probabilidad del 82% de comenzar a desarrollarse entre los meses de mayo y julio de 2026.
Lo que más preocupa a los expertos no es solo su inminente llegada, sino su capacidad de permanencia. Según los modelos predictivos de la NOAA, existe un 96% de probabilidades de que este evento climático se extienda durante el segundo semestre del año, afectando los patrones meteorológicos globales de manera persistente.
Este fenómeno, caracterizado por el calentamiento inusual de las aguas superficiales en el Océano Pacífico ecuatorial, suele desencadenar una reacción en cadena en la atmósfera que altera las lluvias y las temperaturas en diversos continentes.
Fenómeno de El Niño 2026
El desarrollo de El Niño en estas fechas sugiere que podríamos enfrentar un cierre de año marcado por condiciones extremas. Generalmente, este fenómeno se traduce en:
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Sequías prolongadas en zonas que suelen ser húmedas, afectando la agricultura y los embalses.
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Incremento de temperaturas promedio, lo que podría elevar el riesgo de incendios forestales.
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Precipitaciones intensas en regiones costeras del Pacífico, aumentando la vulnerabilidad ante inundaciones.
«El monitoreo constante de la temperatura del mar es clave para entender la magnitud que podría alcanzar este ciclo de El Niño», señala el reporte técnico de la organización.
Con un 82% de certeza sobre su inicio en el corto plazo, los gobiernos y sectores productivos (como el agrícola y el eléctrico) deben activar planes de contingencia.
La transición desde un estado neutro hacia El Niño implica una reevaluación de la gestión de recursos hídricos y la seguridad alimentaria, especialmente en las naciones en desarrollo que históricamente han sufrido los efectos más severos de este vaivén climático.
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