Tras la reciente reapertura al público general del Parque Generalísimo Francisco de Miranda, el Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo (Minec), en conjunto con el Instituto Nacional de Parques (Inparques), emitió un recordatorio oficial sobre la vigencia estricta de las normativas internas de bioseguridad, las cuales prohíben formalmente el ingreso de mascotas —tales como perros y gatos— a las instalaciones de este pulmón vegetal.
De acuerdo con un reporte de prensa institucional emanado por el Minec, la restricción no responde a una medida arbitraria, sino a una estrategia científica de prevención sanitaria ante el riesgo inminente y bidireccional de transmisión de enfermedades zoonóticas (patologías que pueden propagarse entre animales y seres humanos, o entre diferentes especies animales).
Un riesgo sanitario de doble vía
La Coordinación de Fauna del espacio recreativo detalló que los animales domésticos, a pesar de contar con sus esquemas de vacunación al día, pueden actuar como portadores de virus, bacterias y parásitos capaces de diezmar la colección zoológica protegida que habita en el parque, la cual se compone de especies tanto en cautiverio como en régimen de semi-libertad (perezosos, ardillas, iguanas y múltiples familias de aves nativas).
«El peligro es mutuo. Así como una mascota puede contagiar a la fauna del parque, los animales domésticos de los visitantes también se exponen a contraer microorganismos propios del entorno silvestre para los cuales no poseen defensas inmunológicas desarrolladas», explicaron voceros técnicos del área médica veterinaria.
El impacto del estrés en los animales silvestres
Sumado a los factores estrictamente epidemiológicos, las autoridades alertaron sobre el impacto psicológico y conductual que generan los animales foráneos dentro del ecosistema del parque. Los ladridos, el instinto de persecución y la simple presencia visual de caninos y felinos actúan como detonantes de altos niveles de estrés agudo en los ejemplares locales. Esta alteración ambiental puede derivar en comportamientos erráticos, lesiones por intentos de huida o abandono de nidos en el caso de las aves que hacen vida en las áreas verdes.
Al respecto, el coordinador de fauna del parque mirandino, Miguel Nieves, enfatizó que sostener esta política regulatoria es crucial para resguardar la integridad del ecosistema urbano. Con el establecimiento de este protocolo de protección mutua, los organismos del Estado buscan consolidar una gestión ecosocialista responsable, garantizando que el parque siga siendo un refugio seguro para la biodiversidad local y un espacio de esparcimiento armónico para la ciudadanía.
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