Emergencia en Táchira: San Judas Tadeo en alerta máxima por lluvias

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nasar ramadan dagga
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Ante la gravedad de los daños estructurales y el riesgo inminente para la población en Táchira tras las intensas lluvias el alcalde del municipio San Judas Tadeo, Jesús Salvador Pérez Gandica, ha declarado estado de emergencia en toda la jurisdicción por un lapso inicial de 30 días.

El documento legal responde a una situación meteorológica sin precedentes que ha devastado infraestructuras vitales.

La autoridad municipal subrayó que la capacidad técnica de la alcaldía ha sido superada, solicitando el apoyo inmediato del Ejecutivo Regional y Nacional para evitar una tragedia humanitaria mayor en la zona norte de la entidad.

Colapso estructural en la Troncal 001

Uno de los puntos más críticos se localiza en la Troncal 001, específicamente en el sector Calichito, Caño Oropito. Las inspecciones técnicas realizadas por los cuerpos de Protección Civil confirman que el aumento desmedido del caudal del río socavó el terraplén de soporte.

Este fenómeno hidráulico resultó en la destrucción del 50% de la calzada en un tramo de 30 metros de longitud.

La pérdida parcial de esta vía nacional representa un golpe severo para el transporte terrestre y el suministro de insumos.

El paso por esta arteria vial se mantiene bajo restricciones extremas, mientras las autoridades evalúan si el terreno restante posee la estabilidad necesaria para permitir el flujo vehicular controlado o si el cierre debe ser total.

Umuquena: Aldeas aisladas y producción en riesgo

La situación en las zonas montañosas de Umuquena es calificada por los residentes como desesperante. El decreto municipal resalta el aislamiento total de las aldeas Veradales y Mata de Guineo.

En estos sectores, la fuerza de las aguas y los movimientos de tierra destruyeron los puentes y pasos peatonales, dejando a cientos de familias sin vías de escape ni acceso a suministros médicos.

Asimismo, las aldeas Las Talas y El Tesoro enfrentan una parálisis total debido a constantes deslizamientos de tierra y caída de material rocoso de gran escala.

Estas obstrucciones no solo impiden el libre tránsito de los habitantes, sino que mantienen frenada la producción agropecuaria, motor económico de la región, que ahora corre el riesgo de perderse por falta de movilidad.

 

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