La ciudad de Los Ángeles se vistió de gala para recibir una nueva edición de los Premios Grammy, consolidando una vez más que su alfombra roja es el epicentro de la experimentación visual.
Esta noche, fue testigo de la excelencia musical, sino de un desfile donde la moda sirvió como herramienta de protesta y como lienzo para la audacia extrema.

Premios Grammy 2026
La noche estuvo marcada por un fuerte contraste estilístico. En un extremo, Chappell Roan, consolidada como la nueva rebelde de la moda, paralizó a los fotógrafos con un diseño de Mugler en tonos tierra. Su propuesta, una de las más arriesgadas de la historia reciente de los premios, integró sus propios piercings como parte de la estructura del vestido.
A este espíritu provocador se unió la colombiana Karol G, quien deslumbró con una pieza de encaje transparente en azul vibrante de Paolo Sebastian, culminada con una sofisticada cola de sirena.
En la otra cara de la moneda, la sobriedad y la elegancia clásica encontraron su espacio. Sabrina Carpenter se posicionó como una de las mejores vestidas gracias a un diseño personalizado de Valentino. Su silueta, adornada con pedrería y volantes, recordó el glamour del viejo Hollywood adaptado a la modernidad. Por su parte, Billie Eilish mantuvo su estética minimalista y holgada, demostrando que la elegancia no siempre requiere de estructuras rígidas.
El mensaje detrás del brillo
El volumen fue el gran protagonista de la velada gracias al uso extensivo de plumas. Lady Gaga impactó con una imponente arquitectura negra firmada por Matières Fécales, mientras que Kesha y la artista coreana Rei Ami elevaron el dramatismo con propuestas en blanco y tocados a juego que desafiaron las leyes de la gravedad, asimismo, también impuso el icono de la moda Bad Bunny.
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