Un inusual intento de contrabando de drogas fue frustrado en la cárcel de Pococí, ubicada en el cantón número 2 de la provincia de Limón, Costa Rica. Oficiales de la Policía Penitenciaria interceptaron a un gato que portaba paquetes de sustancias ilícitas adheridos a su cuerpo.
El sorprendente hecho fue cuando un agente de vigilancia, desde su puesto de observación, divisó al felino merodeando en una zona verde del centro penitenciario. La alerta inmediata a sus compañeros desencadenó una rápida operación que culminó con la captura del animal.
Tras una minuciosa inspección, los oficiales descubrieron dos envoltorios sospechosos adheridos al cuerpo del gato. El primer paquete contenía un peso de 235,65 gramos de lo que se presume es marihuana, mientras que el segundo albergaba 67,76 gramos de aparente pasta de crack. Adicionalmente, se decomisaron dos pliegos de papel, presumiblemente destinados a la fabricación de boletas para la dosificación de drogas.
La Policía Penitenciaria procedió de inmediato al decomiso de las sustancias ilícitas y realizó el respectivo informe para remitir el caso a las autoridades judiciales competentes. Paralelamente, se coordinó con el Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) para garantizar la atención veterinaria del felino.
Este insólito incidente pone de manifiesto una táctica recurrente utilizada por los reclusos para intentar introducir artículos prohibidos en los centros penitenciarios. A lo largo de los años, se ha documentado el uso de animales, principalmente gatos, para el transporte ilegal de drogas, teléfonos celulares e incluso armas artesanales. En un antecedente notable, en el año 2015 se descubrió en la cárcel de Mediana Seguridad de La Reforma, en Alajuela, una paloma adiestrada para el microtráfico de drogas.
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