Este Miércoles Santo, el centro histórico de Caracas se convirtió una vez más en el epicentro de la devoción nacional.
La feligresía católica se volcó a las calles para acompañar la emblemática procesión del Nazareno de San Pablo, en un acto que reafirma las tradiciones más profundas de los venezolanos.
Por otro lado, tras partir desde la Basílica de Santa Teresa, la imagen recorrió las principales vías, custodiada por una marea de fieles vestidos de morado que cumplieron sus promesas con fe y humildad.
Nazareno de San Pablo en su procesión
Sin embargo, la jornada litúrgica culminó con una misa solemne en la Plaza Diego Ibarra, espacio que permitió albergar a la gran cantidad de creyentes que no lograron ingresar al templo. Desde este punto estratégico, se inició el traslado de la sagrada imagen hacia el Altar Mayor, momento de gran carga emocional donde los asistentes pudieron venerar de cerca la figura de Jesús cargando la cruz.
Para garantizar la integridad de los asistentes, los diferentes organismos de seguridad ciudadana mantuvieron un despliegue preventivo durante todo el trayecto.
Asimismo, el operativo de vigilancia permitió que la procesión transcurriera en orden, facilitando el flujo de personas y brindando asistencia inmediata en los puntos de mayor concentración, asegurando que la tradición religiosa más esperada del año en la capital finalizara con éxito.
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