El pasado martes, la vereda Los Manguitos se convirtió en el escenario de un suceso que ha estremecido a la opinión pública colombiana.
Jordan Geovanny Pérez Murillo, un adolescente de apenas 13 años, perdió la vida en lo que se describe como un desenlace trágico tras una situación cotidiana en su hogar.
Según los reportes oficiales y testimonios de allegados, la crisis se detonó cuando el menor se negó a dejar su teléfono celular para asistir al almuerzo familiar. Ante la negativa, un pariente procedió a retirarle el dispositivo como medida correctiva, una acción que provocó en el joven una reacción irreversible que terminó con su vida minutos después dentro de su residencia.
Este caso ha encendido las alarmas sobre la dependencia digital y la gestión de la frustración en la adolescencia actual. Expertos señalan que, para muchos menores, los dispositivos móviles han dejado de ser simples herramientas de comunicación para convertirse en extensiones de su propia identidad y refugios emocionales.
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Lo ocurrido con Jordan Geovanny evidencia que un límite doméstico, percibido habitualmente como una norma de orden, puede ser procesado por un adolescente con vulnerabilidad emocional como una «amenaza catastrófica». El hecho subraya la urgencia de dotar a los jóvenes de herramientas psicológicas para enfrentar el desapego digital y los conflictos cotidianos.
La tragedia de la vereda Los Manguitos no es un hecho aislado, sino un espejo de una realidad que enfrentan miles de hogares. Las autoridades y especialistas en salud mental hacen un llamado a los padres y representantes para:
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Monitorear el tiempo de pantalla de manera progresiva.
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Fomentar espacios de diálogo que no giren en torno a la tecnología.
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Identificar signos de alarma ante cambios bruscos de conducta por la falta de conexión.
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