La Autoridad Nacional de Gestión de Desastres (ANDMA) ha emitido un balance alarmante sobre la situación climática que atraviesa Afganistán tras las intensas lluvias que han cobrado la vida de al menos 179 personas y han dejado un saldo de 238 heridos.
La emergencia no da tregua y se concentra críticamente en 13 provincias, donde las lluvias torrenciales no solo han provocado desbordamientos, sino también deslizamientos de tierra que sepultan esperanzas a su paso. Las autoridades advierten que la cifra de damnificados sigue en aumento mientras las condiciones meteorológicas permanecen inestables.
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Colapso de viviendas y pérdida de medios de vida
El reporte técnico de los equipos de rescate subraya una realidad desoladora para la infraestructura rural.
Se estima que casi 9.000 viviendas han sido reducidas a escombros o presentan daños estructurales graves, siendo las construcciones de adobe las más afectadas por la acumulación de humedad y la fuerza del lodo.
Además del impacto habitacional, la economía local ha sufrido un golpe demoledor con la pérdida de más de 3.700 hectáreas de cultivos.
Miles de familias que dependen de la agricultura han visto cómo sus campos de siembra y su ganado desaparecen bajo el agua, dejándolos en una situación de inseguridad alimentaria absoluta.
Desafíos logísticos y aislamiento de comunidades
El portavoz de la ANDMA, Mohammad Yousuf Hamad, señaló que la conectividad en el país se encuentra en un punto crítico.
Aproximadamente 378 kilómetros de carreteras han sido devastados por el temporal, lo que ha generado el aislamiento de numerosas comunidades rurales y complica drásticamente el despliegue de las misiones de rescate.
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