La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado un balance sombrío pero con una luz de esperanza en Sudán del Sur, donde un brote de cólera ha cobrado la vida de al menos 1.500 personas desde que se desató en octubre de 2024.
Más de 100.000 ciudadanos sursudaneses han recibido tratamiento médico durante este periodo, reflejando la grave magnitud de la emergencia sanitaria que azotó a nueve de los diez estados del país africano.
Este desafío sanitario sin precedentes movilizó a la comunidad internacional y a las autoridades locales desde el primer momento para intentar mitigar la rápida expansión de la enfermedad.
El jefe del equipo de preparación y respuesta ante emergencias de la OMS en Sudán del Sur, Aggrey Bategereza, destacó esta semana a la agencia EFE un «hito importante para la salud pública» del país.
Gracias a la respuesta de emergencia nacional, se ha logrado una reducción significativa de la extensión del brote, limitándolo ahora a tan solo 13 condados.
Inicialmente, la epidemia había afectado a 55 de los condados de la nación, lo que subraya la efectividad de las medidas implementadas a lo largo de los últimos meses.
La vacunación masiva y la dedicación sanitaria, claves del éxito
El control del brote es el resultado directo de una campaña de vacunación a gran escala y de los esfuerzos continuos de sensibilización en las comunidades más afectadas.
Según Bategereza, casi nueve millones de personas han recibido la vacuna contra el cólera, una cifra que ha jugado un «papel fundamental para detener la propagación» y proteger a la población vulnerable.
Estas campañas se pusieron en marcha a principios de 2025, concentrándose en puntos críticos como los estados de Jonglei, Unity y Alto Nilo, en el noreste del país.
El funcionario de la ONU también quiso enfatizar la «dedicación extraordinaria» de los trabajadores sanitarios locales, quienes han operado en condiciones extremadamente difíciles y a menudo adversas.
Estos héroes de la salud se enfrentaron a la ausencia de una infraestructura médica robusta, trabajando incluso en «aldeas inundadas y zonas de conflicto, a menudo sin carreteras ni medios de transporte adecuados» para llegar a quienes necesitaban atención urgente. Su compromiso ha sido un pilar esencial en esta lucha titánica contra la enfermedad.
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