La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha encendido las alarmas tras confirmar que el fenómeno El Niño se posicionó como uno de los cinco más intensos de la historia y ahora, los expertos vigilan de cerca una transición que definirá el comportamiento atmosférico de los próximos meses de este 2026.
Este evento no solo alteró los ecosistemas marinos, sino que fue el motor principal para que el pasado año se convirtiera en el más caluroso jamás registrado.
El último episodio de El Niño no ha sido un evento más en los registros históricos. Según los expertos del organismo, este fenómeno se posicionó como uno de los cinco más intensos jamás documentados por la humanidad.
Su huella fue tan profunda que se convirtió en el motor principal para que el pasado año pulverizara todos los récords de temperatura media a nivel mundial.
Una tregua térmica que no llega
A pesar de que los modelos indican una posible evolución hacia condiciones neutras en el corto plazo, la OMM advierte que no debemos bajar la guardia.
El calor acumulado en el sistema climático global es de tal magnitud que seguirá manifestándose con fuerza durante los próximos meses, independientemente de la fase en la que se encuentre el ciclo ENOS (El Niño-Oscilación del Sur).
Para el trimestre comprendido entre marzo y mayo de 2026, las proyecciones sugieren un aumento sostenido de las temperaturas en la superficie terrestre.
Esta inercia térmica significa que, aunque El Niño se debilite, las olas de calor y las anomalías en el termómetro continuarán afectando a diversas regiones del planeta, alterando la vida cotidiana y los ecosistemas.
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El factor humano como multiplicador de riesgos
Un aspecto fundamental que subraya el informe es que fenómenos naturales como El Niño y La Niña ya no operan bajo las reglas del pasado. En la actualidad, estos eventos se desarrollan sobre un trasfondo de cambio climático antropogénico.
Esta combinación genera un «efecto multiplicador» que eleva las temperaturas globales a niveles peligrosos, incluso cuando no existe un fenómeno climático activo.
Esta nueva realidad climática está provocando una intensificación sin precedentes de los episodios meteorológicos. Los patrones de lluvia y sequía han perdido su previsibilidad tradicional, lo que supone un golpe crítico para la gestión hídrica y la seguridad alimentaria global.
La agricultura, en particular, se enfrenta al desafío de adaptarse a ciclos estacionales que cambian más rápido que la capacidad de respuesta humana.
Vigilancia extrema ante un posible retorno
De cara al periodo entre mayo y julio de 2026, la incertidumbre vuelve a cobrar protagonismo en los mapas meteorológicos.
La probabilidad de que se geste un nuevo episodio de El Niño ha comenzado a escalar, situándose actualmente cerca del 40%. Esta cifra mantiene en vilo a los servicios climáticos regionales, dada la vulnerabilidad actual del sistema.
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